jueves, 28 de abril de 2011

La Fauna Política Criolla

"Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes de diferentes especies, animales del campo, reptiles y animales salvajes.» Y así fue. Dios hizo las distintas clases de animales salvajes según su especie, los animales del campo según su especie, y todos los reptiles de la tierra según su especie. Y vio Dios que todo esto era bueno..." Muchos siglos después, a un tal Darwin se le ocurrió ponerse a elaborar una curiosa teoría sobre el origen y la evolución de estas especies; sin embargo, la muerte le sorprendió sin que pudiera explicar cómo una extraña mutación había afectado a ciertos especímenes del tercer mundo.

En una pequeña isla del Caribe a la que denominaban Quisqueya fue descubierta una plaga que aparenta sugerir una degeneración -y no una evolución- de las especies, lo que podría contradecir la teoría del señor Darwin. Las metamorfosis más extrañas se han producido allí, en un campo que se supone inhóspito para animales. Se trata de cierta peste política y se la considera endémica de la nación. En sus primeros años de gestación atacó a un gallo al que apodaban Lilís, quien después de haber dado muestras de ser una especie superior, quedó "untao" de la maligna enfermedad y aunque logró escabullirse de toda suerte de trampas, terminó debilitado por el moquillo y resultó acribillado por sus opositores; todo eso, muy a pesar de que una cigua, que a si llamaban a la que mayormente compartía su nido, le había mandado a cotorrear que se lo iban a lamber.

Vinieron después, épocas de muchos ensayos por encontrar una especie resistente a los males de la peste. Bolos y coludos se mataban entre ellos. Uno se ponía y el otro lo quitaba, hasta que finalmente se apareaban. A falta de un rey de la selva, surgió un fuñío padrote con una tremenda ponzoña que mancilló todas las aves, torció pescuezos, cortó alas, rompió picos, hasta que con sus mismas espuelas le dieron un golpe de bolsón.

Pero ahí no terminó el dandí. Cuando se pensaba que habiendo matado el perro se había acabado la rabia, apareció un viejo zorro, con todas las malas pulgas, quien logró permanecer doce años reinando con el mismo gallinero de su padrote, luego de haber dado caza a un águila dominicana, especie en extinción que nunca logró alzar la cresta y apenas permaneció siete meses en la cima de la montaña para desgracia del reino y de la propia bandada. Asimismo, con sus tretas, mantuvo al oso negro toda la vida encerrado en su jaula y aunque este venció todos los inviernos y tempestades siempre se dejó engañar del zorro.

Solo le fue dable al oso, echar al aire una bandada de palomas blancas, con fulgurantes mensajes de esperanza, pero que al final resultaron ser aves de mal augurio, al punto de que después de volar en círculos por ocho años, dejaron justificadas las antiguas aves de rapiña, teniendo que abandonar el vuelo y algunas inclusive, temerosas de su destino, se vieron obligadas a emigrar. Fue así como entonces, de repente, resucitó el zorro, ya ciego y anciano, como una especie de murciélago que sale de su caverna convertido en ave fénix.

Cuando el zorro ya no podía con su propia vida, puso a bailar otra vez al oso y provocó un amancebamiento entre macos y cacatas. Cuando el oso creía que lo que se estaba empollando era apenas un quiquí, resultó que esa combinación lo que finalmente había parido era un tremendo León, quien así alcanzó lo más alto de la loma. Con su imperial rugido parecía que el León tenía agarrado el toro por los cuernos. Desde lejos se avizoraba que iba a mantener calmada la manada y que con su natural inteligencia trazaría el camino para todos los cuadrúpedos, ovíparos y reptiles de todos los rebaños. Ay pero no! de encantador de serpientes pasó a alimentar sus boas y es que de cualquier yagua vieja, sale tremendo alacrán. Ni siquiera porque el perro de mamá Belica estuvo a punto de morderlo en aquella ocasión en que tuvo que abandonar el circo hace unos pocos años atrás. Ahora, se le ve acorralado entre los colmillos de los mamíferos que día a día ordeñan con sus hocicos las ubres de la inagotable vaca del gobierno, desmintiendo a Darwin de nuevo…


Cercado ahora por alambradas constitucionales y desmontada la idea de que su gallina se subiera en el palo, la historia vuelve a repetirse. El tigre, su antiguo compañero de mil batallas y reciente rival, viene ahí arañando, sacando despacio la moña, defendiéndose como felino boca arriba y aunque parece aventajar a los demás críos del potrero que todavía esperan ser arreados para poder galopar; parece tendrá que lidiar como guinea tuerta para poder enfrentar la misma mula mañosa que ya antes lo pateó, pues el buey que más jala ya anda suelto de nuevo, rumiando su buena suerte, bramando llegó papá y con sus chinchilines a coro!...Y así, llegado el séptimo día, Dios descansó, pero nosotros los mansos corderitos, los que no tenemos ni mascotas, que va nosotros NO...

sábado, 16 de abril de 2011

Los Vicios Mios y los de Mis Funcionarios

Nunca he asumido poses de santurrón ni nada que se le parezca. Bastante aburridos, ambiguos y distantes me parecen los miembros de esa casta taciturna como para pretender sumarme a ellos. De hecho, mi cuenta de pecados debe estar bastante abultada. Ninguno creo haber cometido, sin embargo, cuyo fardo sea tan pesado que me haga desviar la mirada o cuya absolución no le esté autorizada a un sacerdote pueblerino, en el caso de que un día me dé por arrepentirme de alguno; ninguno tampoco, y de eso estoy seguro, tan grave o de peligro, que pueda implicar una sanción legal, al punto que si alguien me encarase mis desatinos, no tendría ningún reparo en admitirlos. De todos modos, aun sin pertenecer a esa estirpe de personajes diurnos e inmaculados, que a fuerza envoltorios mercadológicos o aristocráticos, logran cubrir "dignamente" sus desenfrenos e irreverencias, por lo menos hasta que el efecto del formol se desvanece y no logra ya contener la complicidad social que les servía de aliento; aun así, ¡cuánto comparto la repulsión que generan estos incumbentes de posiciones desatendidas que florean groseramente sus inmerecidas prebendas! Destacados personajes de temporada, petulantes, ya sean protagonistas o simples actores de reparto. Miembros de una nobleza de nuevo cuño o de tiempo en tiempo retocada. Dueños de millas acumuladas con cargo al erario del ministerio. Comensales de turno que desfilan orondos por las más destacadas pasarelas gastronómicas citadinas, con su ejército de nanas, guarda espaldas, flanqueadores y choferes. De selectas preferencias vinícolas repetidas, memorizadas por la sonoridad de sus marcas y la vistosidad de las etiquetas. De pasiones gourmet forjadas conforme los precios del menú. De conversaciones en cifras y frases altisonantes. Espectadores de Di Blasio y Clayderman como cumbres de la música. Que no se enteraron de Amstrong, de Charlie Parker, de Ray Charles, de Gillespie, de Esther Borja, de Jobim o de Vinicius, de Tavito Vásquez, ni de Patricia Pereyra, ni de otros tantos. Esos, que en defensa de las masas proletarias vociferaban a coro los versos de la nueva trova en el Aula Magna o en los patios de la UASD, en aquella época de entusiasmo ideológico en que todos compartíamos sentimientos vanguardistas, sin que contara el año de nuestras matrículas ni la ruta de la guagua de regreso. Época digna de mejor destino y de adeptos más enteros y coherentes. Personajes que abdicaron de sus ideales éticos y socialistas, para optar por la bonanza del parasitismo, bendecidos por la bondad caprichosa de un Estado “indolente y servil”, cuyo nacionalismo e integridad pregonaron defender en aquellas batallas filosóficas de un pasado al que reniegan para justificar su descarada e inmerecida opulencia. Veleidades de una política criolla, aupada en la miseria de los incautos, convertidos en irreflexivos lambones de sus propias desgracias. Que conste que no se trata tan solo de esta cosecha. En este conuco multicolor de reciclajes cotidianos, la única duda que me queda es la de no saber cuál es peor. Si los bellacos famosos o los menos reconocidos. En una u otra zafra, el discurso fue cautivador. La mayoría de ellos siempre tuvo la suficiente lucidez y fortaleza académica para sembrar esperanzas. Arrastrados por su carisma y crédulos como bobos, admitimos la cordura de sus pensamientos y la promesa ética de sus futuras actuaciones, aunque cada vez la realidad volviera a golpearnos la frente. Pero más doloroso resulta advertir que aquél capataz de cuya buena intención nunca dudamos, sea precisamente quien con su indiferencia, propicie y estimule los desmanes de esta sarta de turpenes insaciables. Ese ciudadano ejemplar, repleto de dotes morales e intelectuales, sumido ahora en la propia sombra de su egolatría, arropado por manchas ajenas y deslumbrado por las alabanzas de clubes en los que no antes sino ahora es asimilado a regañadientes, en tanto mantenga su cargo y los trate él, con más pleitesía de la que él merece de ellos. Quede claro que no se trata de censura al ascenso social por más arrítmico que aparente. Acaso hay alguien que en su verdadero fuero no se deje seducir por alguna forma de vanidad. Ahora, que simple hubiese sido para un líder de esas luces y virtudes, crecerse ante la historia y construir una sociedad donde el modelo de movilidad social lo fueran el mérito y las virtudes. Pero no! Con todo el daño social que ello implica, prefirió su propia y temporal idolatría y crear su particular prole de acólitos incondicionales sin pudor ni valía. Ya lo dije, no critico sus placeres, los comparto. Me encanta un buen vino, los aires de llantos y melodías desde las plateas, así como el cruce errante de fronteras. Adoro esos vicios. El asunto es que para yo comprarlos, también tengo que pagarlos. Igual ocurre con los servicios que el Estado a través de ellos debería garantizarme y que ellos tampoco pagan. Ciertamente que me queda esa satisfacción de autosuficiencia de que alardeamos los pendejos, cada vez que termino un párrafo con un: Hecho y Firmado en…o con un Bajo Reservas Magistrado… En ese momento puedo respirar profundo y pensar que podré renovar mis cuentas. Mas lo peor de todo es que así como pago las mías, las de esta caterva de funcionarios y las de sus vicios, también tengo yo que pagarlas…