"Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes de diferentes especies, animales del campo, reptiles y animales salvajes.» Y así fue. Dios hizo las distintas clases de animales salvajes según su especie, los animales del campo según su especie, y todos los reptiles de la tierra según su especie. Y vio Dios que todo esto era bueno..." Muchos siglos después, a un tal Darwin se le ocurrió ponerse a elaborar una curiosa teoría sobre el origen y la evolución de estas especies; sin embargo, la muerte le sorprendió sin que pudiera explicar cómo una extraña mutación había afectado a ciertos especímenes del tercer mundo.
En una pequeña isla del Caribe a la que denominaban Quisqueya fue descubierta una plaga que aparenta sugerir una degeneración -y no una evolución- de las especies, lo que podría contradecir la teoría del señor Darwin. Las metamorfosis más extrañas se han producido allí, en un campo que se supone inhóspito para animales. Se trata de cierta peste política y se la considera endémica de la nación. En sus primeros años de gestación atacó a un gallo al que apodaban Lilís, quien después de haber dado muestras de ser una especie superior, quedó "untao" de la maligna enfermedad y aunque logró escabullirse de toda suerte de trampas, terminó debilitado por el moquillo y resultó acribillado por sus opositores; todo eso, muy a pesar de que una cigua, que a si llamaban a la que mayormente compartía su nido, le había mandado a cotorrear que se lo iban a lamber.
Vinieron después, épocas de muchos ensayos por encontrar una especie resistente a los males de la peste. Bolos y coludos se mataban entre ellos. Uno se ponía y el otro lo quitaba, hasta que finalmente se apareaban. A falta de un rey de la selva, surgió un fuñío padrote con una tremenda ponzoña que mancilló todas las aves, torció pescuezos, cortó alas, rompió picos, hasta que con sus mismas espuelas le dieron un golpe de bolsón.
Pero ahí no terminó el dandí. Cuando se pensaba que habiendo matado el perro se había acabado la rabia, apareció un viejo zorro, con todas las malas pulgas, quien logró permanecer doce años reinando con el mismo gallinero de su padrote, luego de haber dado caza a un águila dominicana, especie en extinción que nunca logró alzar la cresta y apenas permaneció siete meses en la cima de la montaña para desgracia del reino y de la propia bandada. Asimismo, con sus tretas, mantuvo al oso negro toda la vida encerrado en su jaula y aunque este venció todos los inviernos y tempestades siempre se dejó engañar del zorro.
Solo le fue dable al oso, echar al aire una bandada de palomas blancas, con fulgurantes mensajes de esperanza, pero que al final resultaron ser aves de mal augurio, al punto de que después de volar en círculos por ocho años, dejaron justificadas las antiguas aves de rapiña, teniendo que abandonar el vuelo y algunas inclusive, temerosas de su destino, se vieron obligadas a emigrar. Fue así como entonces, de repente, resucitó el zorro, ya ciego y anciano, como una especie de murciélago que sale de su caverna convertido en ave fénix.
Cuando el zorro ya no podía con su propia vida, puso a bailar otra vez al oso y provocó un amancebamiento entre macos y cacatas. Cuando el oso creía que lo que se estaba empollando era apenas un quiquí, resultó que esa combinación lo que finalmente había parido era un tremendo León, quien así alcanzó lo más alto de la loma. Con su imperial rugido parecía que el León tenía agarrado el toro por los cuernos. Desde lejos se avizoraba que iba a mantener calmada la manada y que con su natural inteligencia trazaría el camino para todos los cuadrúpedos, ovíparos y reptiles de todos los rebaños. Ay pero no! de encantador de serpientes pasó a alimentar sus boas y es que de cualquier yagua vieja, sale tremendo alacrán. Ni siquiera porque el perro de mamá Belica estuvo a punto de morderlo en aquella ocasión en que tuvo que abandonar el circo hace unos pocos años atrás. Ahora, se le ve acorralado entre los colmillos de los mamíferos que día a día ordeñan con sus hocicos las ubres de la inagotable vaca del gobierno, desmintiendo a Darwin de nuevo…
En una pequeña isla del Caribe a la que denominaban Quisqueya fue descubierta una plaga que aparenta sugerir una degeneración -y no una evolución- de las especies, lo que podría contradecir la teoría del señor Darwin. Las metamorfosis más extrañas se han producido allí, en un campo que se supone inhóspito para animales. Se trata de cierta peste política y se la considera endémica de la nación. En sus primeros años de gestación atacó a un gallo al que apodaban Lilís, quien después de haber dado muestras de ser una especie superior, quedó "untao" de la maligna enfermedad y aunque logró escabullirse de toda suerte de trampas, terminó debilitado por el moquillo y resultó acribillado por sus opositores; todo eso, muy a pesar de que una cigua, que a si llamaban a la que mayormente compartía su nido, le había mandado a cotorrear que se lo iban a lamber.
Vinieron después, épocas de muchos ensayos por encontrar una especie resistente a los males de la peste. Bolos y coludos se mataban entre ellos. Uno se ponía y el otro lo quitaba, hasta que finalmente se apareaban. A falta de un rey de la selva, surgió un fuñío padrote con una tremenda ponzoña que mancilló todas las aves, torció pescuezos, cortó alas, rompió picos, hasta que con sus mismas espuelas le dieron un golpe de bolsón.
Pero ahí no terminó el dandí. Cuando se pensaba que habiendo matado el perro se había acabado la rabia, apareció un viejo zorro, con todas las malas pulgas, quien logró permanecer doce años reinando con el mismo gallinero de su padrote, luego de haber dado caza a un águila dominicana, especie en extinción que nunca logró alzar la cresta y apenas permaneció siete meses en la cima de la montaña para desgracia del reino y de la propia bandada. Asimismo, con sus tretas, mantuvo al oso negro toda la vida encerrado en su jaula y aunque este venció todos los inviernos y tempestades siempre se dejó engañar del zorro.
Solo le fue dable al oso, echar al aire una bandada de palomas blancas, con fulgurantes mensajes de esperanza, pero que al final resultaron ser aves de mal augurio, al punto de que después de volar en círculos por ocho años, dejaron justificadas las antiguas aves de rapiña, teniendo que abandonar el vuelo y algunas inclusive, temerosas de su destino, se vieron obligadas a emigrar. Fue así como entonces, de repente, resucitó el zorro, ya ciego y anciano, como una especie de murciélago que sale de su caverna convertido en ave fénix.
Cuando el zorro ya no podía con su propia vida, puso a bailar otra vez al oso y provocó un amancebamiento entre macos y cacatas. Cuando el oso creía que lo que se estaba empollando era apenas un quiquí, resultó que esa combinación lo que finalmente había parido era un tremendo León, quien así alcanzó lo más alto de la loma. Con su imperial rugido parecía que el León tenía agarrado el toro por los cuernos. Desde lejos se avizoraba que iba a mantener calmada la manada y que con su natural inteligencia trazaría el camino para todos los cuadrúpedos, ovíparos y reptiles de todos los rebaños. Ay pero no! de encantador de serpientes pasó a alimentar sus boas y es que de cualquier yagua vieja, sale tremendo alacrán. Ni siquiera porque el perro de mamá Belica estuvo a punto de morderlo en aquella ocasión en que tuvo que abandonar el circo hace unos pocos años atrás. Ahora, se le ve acorralado entre los colmillos de los mamíferos que día a día ordeñan con sus hocicos las ubres de la inagotable vaca del gobierno, desmintiendo a Darwin de nuevo…
Cercado ahora por alambradas constitucionales y desmontada la idea de que su gallina se subiera en el palo, la historia vuelve a repetirse. El tigre, su antiguo compañero de mil batallas y reciente rival, viene ahí arañando, sacando despacio la moña, defendiéndose como felino boca arriba y aunque parece aventajar a los demás críos del potrero que todavía esperan ser arreados para poder galopar; parece tendrá que lidiar como guinea tuerta para poder enfrentar la misma mula mañosa que ya antes lo pateó, pues el buey que más jala ya anda suelto de nuevo, rumiando su buena suerte, bramando llegó papá y con sus chinchilines a coro!...Y así, llegado el séptimo día, Dios descansó, pero nosotros los mansos corderitos, los que no tenemos ni mascotas, que va nosotros NO...
